
Entre humo y chispas, hicieron su aparción los hijos del diablo.
Corrian calle arriba y calle abajo, espantando a la gente con sus chispas. La gente se hacia para atras, pero no corria. Los más jóvenes se aventuran a acercarce a ellos con sus sombreros de paja y su cuerpo empapado para evitar cualquier daño con su fuego letal.
Corrian calle arriba y calle abajo, espantando a la gente con sus chispas. La gente se hacia para atras, pero no corria. Los más jóvenes se aventuran a acercarce a ellos con sus sombreros de paja y su cuerpo empapado para evitar cualquier daño con su fuego letal.

Entre chispas y luces, brincaban y bailaban alrededor de ellos. Los diablos contentos se unían a su festejo.
Pero es entonces, cuando las luces terminaron, que por las calles se oye un estruendo y queda todo en completa obscuridad.
Entre las sombras se vislumbra un tenue fulgor que hace que ese aire de espectación tenga un ligero humor de temor.

FUEGO!! y chispas saltan por doquier. Entre las imágenes se alcanza a distinguir un dragón, que se gira hacia la multitud y los auyenta. El Dragón baila y se menea al compas de los tambores que le siguen.. Pun.. pun.. pata pum.. pum.
Los mismos jóvenes que desafiaron a los diablos, van tras el dragón y se unen a sus brincos y bamboleos.
Es el festejo máximo del pueblo, La festa Major. Y como en todas ellas, una noche los diablos danzan por las calles y la gente los acompaña. Desde 1426, la humanidad ha bailado con ellos sin temor.


